Diseño de iluminación: El desgaste controlado de un espacio

Por Luca Salas

Luca Salas es diseñador arquitectónico y especialista en iluminación, nominado al 40under40 por Lighting Magazine en 2017.

Cuando pienso en confort, pienso en la adaptación del objeto al usuario, en un sentido completamente personal, incluso íntimo. Es decir, el confort no es solo la lija que transforma una superficie rugosa en una lisa y suave al tacto; sino también, el desgaste del cojín del sillón que adoptó la forma de mi cuerpo; el zapato que después de un mes de usarlo, abraza cada curva de mi pie. El confort es aquel peculiar gusto por la añejada atmósfera de un comedor, producto de la cotidianidad compartida entre comensales, meseros y cocina a través de los años, y no de los estandartes del diseño moderno.

El diccionario Larousse nos ofrece la siguiente definición de confort: “La tranquilidad psicológica, intelectual y moral obtenida por el rechazo de toda preocupación”. Así resalta la indiferencia del sujeto frente al ambiente físico. Yo quisiera insistir en que tal indiferencia es producto del desgaste del ambiente, de su progresiva adecuación, por el uso y el tiempo, los ritmos, hábitos y formas de la persona, en fin, por la vida.

En términos de iluminación, el confort se percibe por las prestaciones visuales obtenidas por una fuente luminosa. Por ejemplo, la luz natural es, por sus cualidades físicas, un referente necesario en la arquitectura, pues permite su existencia en nuestra percepción visual y da inicio a las actividades diurnas o nocturnas. Es gracias a ella que el diseño de iluminación aparece y se desenvuelve en el espacio, creando limitaciones para el beneficio de este. El diseño de iluminación determina la percepción que tiene una persona del espacio; crear una luz que produzca aquella “indiferencia” de la persona frente al ambiente, sin que ésta se percate de ello, al transformar en cada momento la realidad física del objeto sólido y masivo de la arquitectura.

La luz nos permite desgastar o consumir el espacio de cierta forma. Es decir, la luz es el medio a través del cual se interpreta la solidez de las formas construidas. Podríamos decir, pues, que la luz adopta el valor del desgaste, viciando y debilitando la frágil complejidad de un espacio. Como el agua, la luz se filtra por los vacíos, creando grietas y ríos por su desgaste en la tierra, llegando al subsuelo en un ciclo constante con el tiempo. La luz puede desgastar los pigmentos de un cuadro, cambiar los tintes de un textil, quemar el negativo de una foto. La luz cambia mi percepción del espacio a lo largo del tiempo.

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